Divulgar historia, tender puentes

por Alicia Salmerón y Fausta Gantús

El conocimiento del pasado es puerta de entrada para imaginar futuros posibles. No es maestra de vida en el sentido de mostrarnos cómo caminos andados pueden volver a ser recorridos. No podría serlo porque el transcurrir humano no es cíclico. Pero sí nos habla de la experiencia humana, de todo aquello que hemos sido capaces de hacer y, en ese sentido, nos revela nuestras debilidades y fortalezas. Nos aterra muchas veces el conocer las atrocidades cometidas por los seres humanos en otros tiempos, pero otras nos maravillamos por su genio, entereza, capacidad de liderazgo, generosidad. De esta suerte, la historia nos invita a estar alertas frente al abuso y la crueldad, y también trae vientos de esperanza que nos permiten proyectar futuros prometedores y comprometernos con ellos. Nuestro presente hoy día nos impone desafíos enormes; la historia es nuestra aliada para hacerles frente.

Quienes nos dedicamos al estudio del pasado sabemos que la historia tiene una función social muy importante, un compromiso con la realidad presente, con su comprensión, y también con la construcción de las identidades de las comunidades y de su cohesión interna; una función comprometida igualmente con el franqueo de esa puerta a imaginar futuros posibles. Y quienes nos dedicamos a su estudio sabemos que mientras mejor realicemos nuestra labor de investigación,  mayor será nuestro aporte a un conocimiento comprensivo del pasado que amplíe horizontes. Ahora bien, por exigencias del desarrollo de la propia disciplina, nuestro oficio nos ha llevado hoy al manejo de un lenguaje especializado y a una forma de exponer nuestros resultados de investigación en ocasiones alejados de estilos narrativos ágiles y accesibles a públicos diversos. De esta suerte, muchas veces las historiadoras e historiadores escribimos textos que sólo son accesibles a nuestros colegas y a otros dedicados a disciplinas cercanas.

Pues bien, siendo así las cosas, quienes nos dedicamos al estudio de la historia tenemos entonces un gran reto a vencer: tender puentes entre la academia y públicos amplios, entre los centros de investigación y lectores y auditorios no especializado. En nuestro país  museógrafos, curadores, comunicólogos, novelistas, autores de teatro, guionistas, cineastas y blogueros están haciendo su parte. Universitarios estudiosos del pasado podemos colaborar también. Y es que, en general, la divulgación de la historia es una tarea a emprender a partir de grupos de trabajo interdisciplinarios. Pero las historiadoras e historiadores especializados podemos también contribuir con proyectos propios. Podemos explorar canales de comunicación y generar nuevas formas de contacto entre el público y lo que hacemos como especialistas.

El reto es transmitir el conocimiento histórico que generamos, pensando en públicos no especializados. Por ejemplo, si estamos comprometidas con proyectos de investigación de fondo acerca del lugar de las emociones en la historia, de la manera en que se siembran miedo o confianza en las sociedades y se orientan acciones políticas a partir de esas construcciones, podemos escribir textos breves y con lenguaje accesible sobre el tema. Y podemos darlos a conocer a través de plataformas digitales y redes sociales. De ese se trata este Blog, que tiene como objetivo fundamental que tanto jóvenes en formación como investigadores consolidados escriban sobre los temas que trabajan y que lo haga de forma breve y amena, de tal suerte que despierte el interés de lectores diversos.

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