El historiador frente a sus temas. Un ejercicio de reflexión autobiográfica.

por Alejandro Morea

@alemoreamdp y facebook.com/alemorea

¿Cómo elegimos lo que estudiamos? ¿Para quién lo hacemos? ¿Cuál es la circulación social de lo que investigamos? Vamos a intentar responder a estas preguntas a partir de un ejercicio de reflexión autobiográfica. No por ego ni vanidad. Pretendemos utilizar el análisis biográfico -en este caso centrado en mí mismo- para tratar de entender cómo el universo de relaciones, de interacciones, ayudan a entender por qué los historiadores hacen lo que hacen y cómo desarrollan su actividad.

A principios del 2018, Federica Morelli me invitó a realizar una estadía en la Universidad de Turín y a participar de algunos cursos que ella debía impartir ese semestre. Agradecido, me puse a trabajar inmediatamente en preparar las clases que iba a dar. El desafío estaba en la temática. Morelli, además de llevar adelante sus clases sobre Historia de América Latina, dictaba un seminario de postgrado sobre negros, indios, pardos, mestizos en la América española entre los siglos XVII y XX y me pidió abordar el tema para el período revolucionario en el Río de la Plata y desde los ejércitos. Aunque hace muchos años estudio el Ejército Auxiliar del Perú durante las guerras de independencia, nunca había focalizado mi interés en el tema, dado que siempre trabajé sobre los oficiales y la construcción de sus carreras políticas, por lo tanto, lo único que podía hacer para estar a la altura era aprender de mis colegas.

Como recién en mayo tenía que estar en Italia, tuve tiempo para prepararme. Hace algunos años que participo en un programa de radio en Mar del Plata. Por eso, cuando le anuncié al conductor mi ausencia, lejos de preocuparse, me preguntó si no quería hablar sobre los negros y la guerra en el programa ya que él no sabía del tema e imaginaba que algo similar le pasaba a la audiencia. Así fue que pude ensayar “mis clases” en el aire.  

La estadía en Turín fue mejor de lo que esperaba y el tema de los afromestizos no desapareció de mis intereses. Si no me sentía confiado para armar un proyecto de investigación, al menos me resistía a que quedara como algo olvidado. El Bicentenario de la Batalla de Maipú, la que selló la Independencia de Chile, fue la excusa para seguir. La idea fue abordar, en una nota de divulgación, el significado que para este colectivo tuvo la lucha por la libertad y la independencia. Incluso, con ese material como base, armé un texto para uno de los podcast sobre el Siglo XIX que realizamos con el equipo de investigación que integro.

En eso estaba, cuando llegó nuevamente mayo y con él la semana de la revolución y la temporada alta de rotación por radios y escuelas para hablar el 25 pero de 1810. Por supuesto, allá fuimos, pero esta vez apareció una demanda concreta en el horizonte: -“¿podés hablar de los negros en la revolución?” No es que en todas las radios fuese el tema, pero sí lo fue en la Radio y el Canal de la Universidad y en uno de los colegios.

En esta última charla, di los primeros pasos para convertir en un problema de investigación lo que hasta ese momento era un tema al cual me había acercado como docente y como divulgador. Retomando algo que sostuvimos en Turín, que no había muchos trabajos que dieran cuenta del paso de los afromestizos por el Ejército Auxiliar, decidí que era el momento de abordarlo. De ahí en adelante revelamos fuentes, consultamos bibliografía, construimos datos, esbozamos algunas ideas y comenzamos a darle forma a un artículo que tiempo después fue publicado.

¿Por qué hacemos lo que hacemos entonces? ¿Por capricho? Quizás sí. Todos los temas que elegimos problematizar tienen un fuerte componente de subjetividad, de identificación personal con lo estudiado. Pero en este caso, tampoco tengo dudas de que el ida y vuelta con la sociedad en la radio, en la tele, con estudiantes -donde pudimos ver muestras de interés ante lo que estábamos contando- actuó como catalizador y me impulsó a explorar temas que quizás no hubiera tenido en cuenta si me regía por las agendas de investigación del campo o el interés personal. Aunque no siempre funciona así, puede resultar interesante para un historiador explorar otras formas de contar lo que hacemos, abordar temas que no son los “nuestros” para renovar el trabajo y tomar en nuestras manos lo que anda flotando en el aire. Al trabajar sobre negritud, esclavitud, afromestizos, quizás haya colaborado con la tarea inmensa que hacen otros colegas por recuperar el aporte de estos actores sociales a la cultura y costumbres de la población argentina, que muchas veces está invisibilizada detrás de la imagen de una Argentina blanca y europea.

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