Juego visual en los retratos de mujeres públicas durante el siglo XIX

por Rosy Itzel Velázquez Beltrán

El siglo XIX fue el siglo de las luces respecto a la invención, desde el daguerrotipo al cinematógrafo, fueron décadas de grandes avances técnicos de tipo audiovisual. En México, el uso de la fotografía proliferó cuando, a mitad del siglo el papel albuminado sustituyó a las delicadas placas de vidrio de la ambrotipia. Lo que propició el acceso de las clases populares a retratarse, debido al abaratamiento del coste de producción. 

Los fotógrafos comenzaron a adoptar una serie de convenciones acerca de cómo se debía retratar a los niños, las mujeres, los varones, las parejas, las familias. La apariencia, supuesto reflejo de las virtudes o defectos morales, adquirió un valor legitimador dentro de la sociedad decimonónica. Los estudios, cada vez más equipados con guardarropa y utilería de todo tipo para recrear escenarios aburguesados, comenzaron a ser un lugar onírico donde se llevaba a cabo un juego teatral en el que el cliente podía ser representado como quisiera, frente al lente ocurría una especie de igualdad óptica que eliminaba las diferencias de clase.

Izquierda: Auto no conocido, Margarita Magón,1885, Acervo de La Casa del Ahuizote.
Derecha: Autor no conocido, Carolina Ortega, Registro de mujeres Públicas de Toluca de1877,1884, AHMT, f. 149.

En estas fotografías tenemos el mismo protocolo visual de la representación de la feminidad para la época. No obstante, las diferencias estriban en la identidad, materialidad y el uso. La mujer del retrato izquierdo es Margarita Magón, madre de los activistas revolucionarios, hecho en 1885 seguramente para colocarse como ornato dentro de un hogar. En cambio, la de la derecha es Carolina Ortega, una joven que ejerció el oficio de la prostitución en Toluca durante el porfiriato, cuya fotografía, tomada en 1884, se encuentra en uno de los tantos libros de “Registro de mujeres públicas” que si hicieron en ese periodo.

¿Por qué no lucen como sus contemporáneas de los bajos fondos pintadas por los franceses Degas, Toulouse, Renoir? Estas fotografías frente al arte pictórico europeo de la época carecen de realismo debido a que no se hicieron para mostrarse dentro de los propios burdeles como se hacía en el viejo continente, sino que responden a la política del reglamentarismo, sistema francés implantado durante el Segundo Imperio, donde el Estado a través de los órganos legislativos-judiciales y el sector salud intentó controlar a los sectores considerados trasgresores a la moral pública. La utilización del retrato como método de identificación comenzó dentro de las penitenciarías, donde existía la plaza de “fotógrafo de cárcel”, mientras que los retratos de las meretrices fueron tomados en estudios públicos, con el mismo protocolo visual basado en las convenciones de los retratos femeninos. Esto nos deja en un problema frente a estas fotografías ¿se puede distinguir visualmente que es una mujer pública?

Izquierda: Inspección médica en la Rue des Moulins, Toulouse-Lautrec, 1894, óleo sobre cartón en madera.
Derecha: Mujer tirando de sus medias, Toulouse-Lautrec, 1894, óleo sobre cartón

En algunos casos se presentan ciertos códigos visuales que nos permiten descifrarlas. En los primeros retratos tenemos el detalle en las alegorías, en el de Margarita hay una escultura de una mujer que por sus atributos podría ser la diosa Hebe, encarnación de las virtudes domésticas, mientras que en el de Carolina hay un hombre militar, símbolo de la masculinidad “a la que se entrega la mujer”, trayendo a colación que a menester del cuidado de las tropas francesas comenzó a reglamentarse este oficio en 1865. Existe la duda sí el uso de estas estatuas era de manera indiscriminada o sí puede tener intencionalidad en la connotación. Otro signo es la flor en mano que puede representar la pérdida de la castidad como se enfatiza en la pintura de Manuel Ocaranza “La flor muerta” (1868). El pie, es otro elemento de análisis, se interpretaba como un signo de coquetería y un desplante soez, descrito en la literatura de la época, como en Los mexicanos pintados por sí mismosy la Linterna Mágica

Los retratos de mujeres públicas no prueban que haya sido un éxito el reglamentarismo. Habría que preguntarnos si a través de la fotografía se reafirma su estigmatización o, por el contrario, quedan inmersas dentro de la identidad colectiva femenina, hace falta un análisis sistemático más amplio para contestar a estas interrogantes.

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